Muchos de nosotros anhelamos enseñar, pero no es únicamente pararnos en el pulpito y enseñar 15 minutos e inventarnos lo que se nos venga a la mente los otros 45 minutos para completar el tiempo. Cuando verdaderamente tenemos pasión por enseñar, 4 horas no nos alcanzan y cuando nos dan una hora andamos sufriendo y compactando el mensaje ya que queremos dar lo mas que podamos y sentimos que nos quedamos a medias. Pienso, que si no nos gusta meditar en la Palabra de Dios y dedicarle mucho tiempo a instruirnos y ser instruidos, el área de la enseñanza no es para nosotros, y es mejor pedirle a Dios que nos guie por el área de servicio donde podamos ser efectivos.

 

He escuchado con tristeza y visto como muchos predicadores se la pasan haciendo reír a la gente en toda la enseñanza, otros no usan un eufemismo ( Palabra o expresión más suave o decorosa con que se sustituye otra considerada tabú, de mal gusto, grosera o demasiado franca) y en pleno mensaje hablan insensateces , otros empiezan la enseñanza y se van en todas direcciones y el oyente no sabe si anda en Argentina o las Filipinas, otros solo van a predicar por la ofrenda que les dan, otros mas hacen que la gente empiece a dormitar en pleno servicio.

 

 Si la Palabra de Dios es una espada cortante que traspasa todo, si discierne pensamientos e intenciones del corazón, si es recta y pura, si es un fuego que purifica y quema la escoria, si es un martillo que quebranta los corazones duros, si es vida y medicina a el cuerpo,  ¿debemos enseñarla ligeramente?  debemos hablar de los juicios de Dios con indiferencia?, ¿debemos de enseñar de la condenación eterna contando chistes?, ¿podemos enseñar de la santidad de Dios hablando cosas morbosas?  Muchas veces no hay seriedad (formalidad, fundamento, importancia, responsabilidad, respeto, sensatez) en lo que estamos enseñando, no le damos la importancia debida al mensaje que Dios esta transmitiendo. Habacuc 2:20 dice: calle delante de Jehová toda la tierra.

Podemos enseñar de una manera indiferente, podemos hablar de los juicios de Dios como algo ligero ignorando lo que dice Moisés en el Salmo 90:11 Quien conoce el poder de tu ira, y tu indignación según que debes ser temido. Podemos hablar del infierno como algo superficial, de la salvación como algo merecido, del cuidado de Dios sobre nosotros como algo obligatorio, del bautismo como un mandato (más que una profesión de fe) y de muchas cosas más sin darle el significado que Dios quiere que transmitamos.

 

Muchas veces queremos crear un ambiente ameno en la iglesia a través de mantenerlos motivados y riendo durante todo el mensaje, pero descuidamos lo que Dios quiere plantar en sus corazones. Yo creo que es bonito agregarle unas cuantas pizcas de sal y picante a los mensajes, pero todo tiene que ser balanceado y entender que para todo hay un tiempo y una sazón.

Tomado de el libro El Arte de la Enseñanza por: Otto Ariel Márquez

Más capitulos se van a seguir agregando.

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